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0030. Los monitos de las nieves de Ruth Gómez Hola Por Qué

ÚLTIMA HORA POR AHORA

https://holaporque.com/wp-content/uploads/2026/10/La-Revolucion-Industrial-La-Bola-de-Cristal-17_01_1987-r.mp4
Hola a todes. Vengo de Madrid aunque yo soy de Palencia de casi toda la vida Tengo un pequeño taller de serigrafía que se llama Hola Por Qué y que este octubre cumple 24 años. Como mi taller es artesanal no podía hablar de otra cosa que no fuera en contra de la Revolución Industrial. He querido empezar esta pequeña charla con un vídeo introductorio de lo que veía yo en la tele cuando era pequeño. 02. Abolición de la Revolución Industrial Y ahora seguimos con este par de fotos que he hecho este mismo verano en Carabanchel, en Madrid, en el barrio donde tengo el taller y que refleja muy bien el sentido destructivo, deshumanizador y aceleracionista al que ha ido contribuyendo también la Revolución Industrial desde que se inventara hace 200 años, que no nos ha traído más que disgustos. Todo lo que haya bueno, es daño colateral. 03. Abolición de la Revolución Industrial Primero la primera foto. Aquí hasta hace un año estaba Frutas Goyo, frutería de barrio de toda la vida, fruta y verdura de calidad y de temporada. Ahora es una casa. En todo el barrio se están convirtiendo los locales comerciales en viviendas (o infraviviendas, o apartamentos turísticos). Creí que esto sólo pasaba en Carabanchel, pero está pasando en otros barrios de todo Madrid. Según me han dicho parece que en Valladolid también pasa. Pero esto es el futuro. Otro futuro más. Más nuevo y mucho mejor. Hay que actualizarse. Tengo amigos en Berlín y esto ya pasa allí desde hace más de diez años. El modelo europeo, occidental y mundial. Para comprar un tornillo no busques una ferretería, sube a la cuarta planta de unos grandes almacenes tipo El Corte Inglés. Esto está siendo así porque si andamos un poco y salimos a la avenida principal donde acaba la calle de la frutería de Goyo nos encontramos la segunda foto, el edificio gigante de la segunda foto. Recién inaugurado. Nuestro taller está a 300 metros y de camino tenemos otro Día desde hace diez años, donde antes había una imprenta. Es signifactiva la bandera del tejado, porque no es de un país, sino de una corporación. 04. Frutas Goyo Si recorremos la calle que nos cruza, Matilde Hernández, veremos un montón de pisos bajos nuevos que eran comercios. Y callejeando igual. También cerquita hay un mega Mercadona. Por no hablar de Inditex, que cuando vayáis a ver el Gernika al Reina Sofía, os encontraréis una placa con su logo patrocinando la sala. Entonces, ¿qué hacemos las pequeñas empresas? ¿los pequeños comercios? ¿qué pasa con la artesanía? Todo esto me sirve como introducción a este mundo asalvajado que merodea por todos lados. En un mundo plagado de revoluciones tecnológicas diarias que no nos dejan dar un paseo por la calle tranquilamente, porque ya sólo hay lugares de tránsito vertiginosos con recorridos ida y vuelta casa-trabajo-comercio, es necesario derribar lo que se está estableciendo como futuro y que no es más que la destrucción alegre y entretenida de la vida en el planeta Tierra. Yo planteo la vuelta a un tiempo previo a la Revolución Industrial. A hacer las cosas con calma, con calidad y duraderas. El futuro es el pasado. Muerte a la IA y al DTF. Si es que no hacen más que inventar el mal y los artesanos no hacemos más que luchar contra él. Porque se nos va quitando espacio, sí. Por ejemplo, de vez en cuando voy a C!Print, una feria de impresión, comunicación visual y personalización. Hace 15 años había mucha serigrafía y alguna maquinita de impresión digital. Ahora ya casi no hay nada de seri. Y la mayoría de cosas son DTF, una palabra moderna para decir transfer de toda la vida, un plástico que se pega con calor en la camiseta. A nuestro taller no dejan de llegar cartas con muestras o correos vendiéndonos las maravillas del DTF a través de una palabra mágica: BARATO. Eso es lo que hizo la Revolución Industrial, abaratar. Pero abaratar todo, sobre todo la calidad de vida de los trabajadores. Es lo que William Morris llamó la Era del Sucedáneo. Ahora estamos en la Era del Sucedáneo del Sucedáneo del Sucedáneo y así sucesivamente. Una Revolución Industrial lleva a una sociedad industrial, donde todo se consume y produce en grandes cantidades. Para empezar está el caso latente de la vivienda. Ya no se compran pisos, se compran bloques enteros para especular, porque ese es el fin: el dinero, no la vida. Pero también la comida, donde todo siempre está disponible, no hay temporadas, todo es accesible y rápido, muy rápido. Una producción desbocada y unos escaparates repletos de regalos. Al respecto me gustaría contar lo que decía William Morris en 1894 sobre el pan. Aquí en Tierra de Campos aún queda pan bueno en algún sitio. Y rosquillas de palo, que me pirran. Pues bien, Morris contaba en 1894: "Empezaré por lo más bajo de la escala: por ese asunto tan ordinario y terrenal que es comer y beber. ¿Es que hay sucedáneos en ese terreno? Demasiados, por desgracia. Habrán oído hablar ustedes de eso que se llama pan, pero sospecho que sólo unos pocos de los presentes han comido alguna vez pan de verdad, aunque estarán familiarizados con su sucedáneo, que por lo demás existe desde hace mucho tiempo. El ideal del molinero moderno (si no me equivoco, importado de América, ese paraíso del sucedáneo) parece reducirse a convertir los ricos granos de trigo en un polvo blanco característico semejante a la tiza. Lo que se busca ante todo es blancura y fineza, en detrimento de esas cualidades que sólo el paladar puede reconocer. Es decir, casi nadie tiene hoy acceso al pan, y esto, insisto, es un rasgo esencial de la sociedad del sucedáneo, que se impone al conjunto de la población y en un período de tiempo muy breve ha suplantado completamente al producto original". Bueno, 1894. Aún no se había inventado la hornada del Día ni las barras de corcho del Mercadona. Eso es la Revolución Industrial. Acelerar los procesos para abaratar costes y mano de obra. Para abaratar la vida. La artesanía yo la entiendo como él la entendía. Disfrutar del trabajo, hacer cosas de calidad y a favor de la Naturaleza. Y desde luego, por comer pan que alimentara y supiera a pan. Pero si nos metemos en el terreno de lo que llaman alimentación ahora y no es más que comida, nos liamos. Según estaba preparando esta charla se me ocurrió que podía haberla llamado 'La Sociedad Industrial', por un lado, porque la propia Revolución Industrial y el capitalismo han ido convirtiendo a los individuos en engranaje, sino también porque los propios individuos han asumido tan ricamente su papel de engranaje. Y por eso cierran las comercios de barrio y abren los megamercados. Hay un lado de abaratamiento pero hay un lado de comodidad contra el que hay que luchar. Si al final se nos da todo hecho, no hacemos nada nosotros y entonces nos lo hacen. Y ellos no lo hacen por nuestro bien, volvemos a los daños colaterales. Todo lo que encontremos de felicidad o comodidad en lo que los Revolucionarios Industriales fabrican, extendido ahora a los Revolucionarios Tecnológicos, es para sacar beneficio propio primero. Su afán siempre es de lucro. Si nos divertimos o nos morimos les da igual. Como bien dicen los Sindicatos de Inquilinas e Inquilinos: "Ellos por dinero, nosotras por amor". Nuestra felicidad debería ser su derrota. Voy a leer otro poco a William Morris, que es mi superhéroe favorito. Esto es de 1884. Nadie habíamos nacido todavía: "Veamos la forma en la que trabajaban los artesanos de la Edad Media, y en primer lugar digamos unas palabras sobre sus condiciones de vida. Porque, dicho sea de paso, el artesano, aunque sin comodidades, vivía mucho mejor que sus sucesores de hoy. No tenía otro patrón a que servir salvo su público y se encargaba de producir por sí mismo sus mercancías, que vendía sin intermediarios a la persona que fuera a utilizarlas. Así ocurría con casi todos los objetos - si no todos- que se producían en Inglaterra: algunos de los bienes más escasos, como la seda, llegaban al mercado, tanto más cuanto que las materias primas de cualquier región se convertían en mercancía muy cerca de sus lugares de origen. Pero incluso estas mercancías más escasas se producían sobre todo para el consumo local, y sólo los excedentes pasaban a manos de los mercaderes, los cuales, no hay que olvidarlo, no eran esos meros apostadores en el juego de la oferta y la demanda que son hoy, sino unos imprescindibles distribuidores de bienes. Se les pagaba por su esfuerzo en traer mercancías desde lugares en que abundaban a otros en que escaseaban, y nada más.Las leyes contra acaparadores y especuladorees nos dan una idea de la forma en que se contemplaba el comercio en la Edad Media, es decir, como comercio, no como parasitismo. El acaparador acumulaba mercancías para favorecer un aumento en los precios; el especulador era el hombre que vendía y compraba en un mismo mercado o a menos de ocho kilómetros de él. No creo que haga falta que me detenga en comentar las bondades del acaparador; (jejeje, esto lo digo yo, que entonces no escribían así) en cuanto al especulador, el supersticioso pueblo medieval opinaba que un hombre que comprase -digamos, un centenar de quesos a dos peniques la libra a las nueve de la mañana y la vendiera por tres peniques a las once no era un ciudadano especialmente útil. Confieso que soy lo bastante antiguo y conservador como para darles la razón en este punto, aunque no puedo dejar de observar que todo eso que hoy se llaman ''negocios'' consiste en especular y acaparar, y que estamos todos esclavizados por estos profesionales tan sencillos y delicados: es decir, los criminales de una época han pasado a ser los bondadosos amos de las siguientes". Y yo aprovecho para mandar un saludo a esa pequeña pyme de Urbagestión, que tiene oficina aquí en Valladolid. Esto es un rollo. Nos pasamos toda la vida intentando salir adelante con nuestro ritmo vital y resulta que hay que correr. Hola Por Qué, que nos lo inventamos Ana Escalera y yo y que este octubre cumplimos 24 años, tuvimos la suerte de convertir nuestra pasión en nuestro trabajo. Empezamos montando el taller en casa como he dicho antes. Y cuando tuvimos el primer local, los dos primeros años estábamos todos los días ahí metidos, divirtiéndonos un montón. Y a lo tonto, acabamos montando una empresa y metiéndonos en "el mundo de los adultos" que decíamos. Es duro. Es el camino difícil. Hacer lo que quieres y sientes es ir contra el mundo, que necesita controlar a las personas incluso en sus momentos de ocio. Pero no hay otra salida. Y así seguiremos. William Morrris llamaba a la revolución industrial "la maquinaria de sangre y hierro". Yo a esta edad contemporánea la llamo "la maquinaria de hipnosis y plástico". De plástico porque no hay más que verlo todo. Es una época en que todo lo que se fabrica está pensado para que no se biodegrade. Mientras que en la Naturaleza nunca hay basura. Y de hipnosis porque el ocio ha conseguido que también sigamos trabajando en nuestro tiempo libre. En el prólogo del libro 'Arquitectura' de William Morris, editado por nuestro amigos de Pepitas, Julio Monteverde escribe: "A mediados del siglo XIX, el trabajo mecánico, empujado por el comercialismo y la competencia capitalista, habría ocupado todo el terreno del trabajo inteligente, y estaría en vías de terminar con todo el trabajo imaginativo, que quedaría condenado socialmente a subsistir en el trabajo del artista. Mientras tanto, todo el placer que ya no encontraría ningún espacio del trabajo asalariado en el que realizarse, toda esa energía reprimida, se diferiría a una nueva esfera que cargaría con todo, y que actuaría como coartada para la explotación: el ocio". Es decir, las cantinas a las puertas de las minas a principios del siglo XX, también propiedad de los patrones, o los dispositivos móviles, aplicaciones, redes sociales y plataformas digitales con programación continua de nuestra alegre y estresante era contemporánea. Una sociedad de productores y espectadores. Una sociedad contraria a la artesanía. Lo que hace que no se valore nada la artesanía ni sus procesos. Porque sólo se buscan resultados inmediatos. La sociedad industrial. Sigue el prólogo: "Si el método del artista medieval se basa en la libertad creativa y en la autonomía, era precisamente porque su organización social, a través de los gremios, está fundamentada en esa misma independencia". Y esto enlaza con las dos primeras fotos. Si no existen tiendas de barrio, ni colegios públicos, si la gente es echada a patadas de su casa en búsqueda de un beneficio indecente, no hay estructura social ni una interacción entre las personas porque nadie conoce a nadie. Todo fluctúa y al final la sociedad es también una gran fábrica donde las personas no somos más que piezas intercambiables de una gran máquina. Definitivamente tendré que dar otra charla sobre 'La Sociedad Industrial'. Me acuerdo ahora también de la serie Futurama, donde a la gente le asignan un trabajo de por vida y ahí se apañen les guste a o no. Recordamos otra vez a William Morris, para ver cómo se vivía en una sociedad artesana: "En lo que concierne a las condiciones laborales de los artesanos ingleses del siglo XIV, la división del trabajo no existía, o casi, en el seno de cada ramo artesanal; lo cual es una forma de mitigar el mal -pues un mal me parece tener que dedicarse toda la vida a una misma actividad- de mitigarlo, digo, porque, al fin y al cabo, el trabajo de un hombre conllevaba una gran diversidad, ya que se encargaba de hacer él solo el objeto que quisiera vender, en lugar de hacer todo el rato la misma pieza. Fíjense en esto: hombres libres de los gremios tenían su propio lote en los terrenos de pasto de los alrededores, al igual que el resto de ciudadanos". Morris cuenta en esa conferencia de 1884 la evolución de los artesanos libres del siglo XIV a su sometimiento al mercado paulatinamente hasta el siglo XVIII donde el trabajador pasa a ser un obrero-máquina que en el siglo XIX es ya un esclavo de la máquina. La triste noticia del siglo XXI es que el entretenimiento y la sobreestimulación de esos esclavos que lo siguen siendo les hace creer que no lo son porque se lo pasan bien en su tiempo libre consumiendo precisamente el ocio que les es proporcionado por los patrones de Silicon Valley ahora mismo, por resumirlo. FOTO 4 MANOS   Hola Por Qué somos un pequeño taller artesanal dedicado a la serigrafía. Tan artesanal que empezamos serigrafiando camisetas tirados en el suelo. Aunque venimos de un sitio anterior donde las primeras camisetas que me hice me las pinté a mano con un pincelito.   FOTO CAMI PINGÜINO   Pero luego descubrí que había una cosa que era la serigrafía y que tardabas menos y quedaban mejor.   TONTORRÓN   Esta cami me la hice en la Escuela de Arte de Valladolid. Lo primero que hice en seri, con la profesora de grabado que era Rosa Rico. Aún no sabía que íbamos a montar un taller de serigrafía 9 años después.   Esa fue nuestra pequeña revolución industrial, el paso de pintarlas a mano a estamparlas, porque nuestros procesos de trabajo no han avanzado mucho más desde hace 20 años. Sí, ahora tenemos un local y un pulpo y ya no trabajamos de rodillas en el hueco que quedaba entre la cama y el armario. Pero ya no voy a avanzar más maquinariamente hablando, aunque sí en el aprendizaje técnico.   Camisetas como carteles, así empezamos.   LAPIDALANDIA   Al poco de llegar a Madrid ya nos dimos cuenta de que no era de fiar, como cualquier otra ciudad, que yo soy de Palencia y en el Parque de los Jardinillos donde a principios de los 90 bajábamos desde la Escuela de Artes a dibujar patos ahora se han cargado un montón de árboles y han puesto césped artificial. Y de niños nos bañábamos en el río Carrión, cuando aún no era marrón.   Nosotros nos ocupamos mucho de mostrar nuestros procesos para que se vea lo manual y para que se entienda  y se valore la artesanía. Y mostramos primeros planos de las serigrafías para que se vea la calidad de los acabados. Nada de mockups ni engañifas. En la clandestinidad de lo real. Por eso también he sacado de paseo esta herramienta de trabajo, que es la pantalla de serigrafía. Aquí, tangibilidad ante todo.       Hay que plantearse en serio dejar de ser colaboracionistas de este mundo cruel. Luchar es relativamente fácil. La artesanía se puede encontrar no sólo en los objetos, también en la humanidad: en pequeñas fruterías de barrio, en pequeñas cooperativas que ofrecen energía 100% renovable, en la Economía Social y Solidaria, en empresas sin ánimo de lucro, y por favor, salid de los grandes bancos y meteos en la banca ética. Como canta Molotov: "Si le das más poder al Poder, más duro te va a venir a joder". Ninguna gran cadena nos va a ofrecer ni ropa orgánica ni fruta ecológica si no es gracias a sus sistemas de explotación. Tened cuidado con los carteles que veis en los supermercados. O acaso el futuro es el suicidio colectivo y voluntario en esta secta llamada civilización moderna.o tenemos que cambiarlo todo. Así que gracias a Craftinnova por dejarme contar estas cositas. Ahora voy a poner un vídeo de este grupo pucelano y luego si alguien quiere, que diga algo.

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