Como ya os contamos el pasado verano participamos en el taller de creación textil colectiva I, Culture, en el Matadero de Madrid. Éste ha sido un proyecto itinerante de creación de espacios para debatir y difundir la función de la artesanía y los conocimientos manuales en nuestra civilización. Ha formado parte de la programación cultural de la Presidencia Polaca en el Consejo de la UE del 2011 a iniciativa del Instituto Adam Mickiewicz, que es algo así como el Instituto Cervantes pero en polaco. La idea parte de la diseñadora de moda y artista Monika Jakubiak que, junto con un magnífico equipo y toneladas de materiales para costura, han ido moviéndose a diferentes países para investigar sobre el significado de la cultura manual en diferentes ámbitos locales.

Tras participar en la edición de Madrid y vivir la experiencia como algo que de alguna manera había que continuar, nos llegó, varios meses después, la maravillosa propuesta de que nos invitaban a participar en la Grand Finale en Copenhague.

¡¡Sí!!

Así que, suertuda de mí, en Diciembre fui a Copenhague con mucha emoción a conocer al resto de compañeras de las diferentes capitales: Berlín, Bruselas, Kiev, Londres, Minsk, Moscú, París, Tokio y Varsovia. Fueron tres días de mucho trabajo y muy intensos también emocionalmente. Por la mañana las coordinadoras nos ayudaban a estructurar las ideas y elaborar un plan de acción, estrategias y comunicación para poder llevar a cabo nuestros proyectos. Todo un lujo que excepcionales profesionales de la gestión cultural como ellas nos dedicaran tanta atención y esfuerzo. Además, contar con las ideas y el apoyo del resto de compañeras en una situación parecida enriquecía mucho más las sesiones. Por las tardes dedicamos tiempo a crear pequeñas banderas de peces voladores. Estas banderas son una tradición japonesa, se cuelgan en los tejados y son el deseo de que los niños crezcan sanos y felices. Así que hicimos, junto con voluntarios de la ciudad y el público que se acercó hasta el museo, un montón de banderas que entregamos al embajador japonés, y que se han llevado a la región de Fukusima. Esperamos que los mensajes y el cariño que hemos puesto en las banderas anime a la gente que lo sigue pasando faltal por allí.

Gracias a este proyecto hemos generado una pequeña red de apoyo entre gente que trabajamos en torno a estos temas. La experiencia ha sido alucinante.

Podéis ver algunas fotos aquí. Os seguiremos informando de nuestras andanzas.